Publicado en AparteMagazine en el número de octubre de 2011
Como todas las formas artísticas, la música ha
sufrido la censura a lo largo de toda su historia. La constitución de la música
como industria para el consumo de masas, tanto en España como en el mundo
anglosajón, trajo el endurecimiento de los métodos de restricción, unos más
sofisticados que otros.
Sin duda, la música ejerce su efecto
sobre los dos elementos fundamentales de una sociedad: la política y la moral.
Y cuando algo o alguien se erige en protector de alguna de las dos, se torna
inmediatamente en su censor. Todos estaban tranquilos cuando la censura se
trataba tan sólo – siendo ya demasiado – de la eliminación de un determinado
tema de las ondas radiofónicas. La canción no suena y aquí no ha pasado nada.
La música apenas tenía efecto social más que como mera distracción, a excepción
por supuesto de todas esas canciones que se convertían en himnos populares
durante periodos de guerra y represión. Pero la llegada de los grandes medios
de comunicación y de la ideología de mercado al mundo de la cultura trajo la
expansión de la música a todas las clases sociales, a todos los hogares y, lo
que era más peligroso, a todas las reuniones de jóvenes del mundo
occidentalizado. Comenzaban los quebraderos de cabeza para las fuerzas del orden.
El escándalo llega con la pequeña pantalla
Es en los años 50 cuando la
televisión, que venía desarrollándose desde la década de los 30, es el
indiscutible centro de los hogares en el mundo anglosajón. Nace por entonces el
rock and roll, que se servirá de la imagen como no se había hecho antes. Los
jóvenes se ven reflejados en Bill Haley, Jerry Lee Lewis o Chuck Berry y sus
gritos y bailes descabellados. El rey de estos movimientos será Little Richard,
cuyos primeros éxitos, ‘Tutti Frutti’ o ‘Lucille’, fueron muy bien acogido por
el público pero no tanto por los reguladores y protectores de la moral
adolescente. Little Richard se involucraba intensamente con todo lo que
cantaba, y animaba a su público con una actuación frenética, incluso histérica
que se distringuía por embestidas y alaridos. Solía vestir con trajes
relucientes con chaquetas largas adornadas y pantalones anchos.
Little Richard provocaba el escándalo
con solo aparecer en el escenario y la censura cayó sobre él. Se produce con
algunas de sus canciones un fenómeno cuanto menos curioso. En lugar de castigar
a Little Richard, la televisión prefería emitir las actuaciones de otro
artista, Pat Boone, un famoso dj radiofónico que, aprovechando el filón de
estas canciones escandalosas pero con muchísimo éxito, decidió dedicar su
carrera a realizar versiones de las mismas pero con letras suavizadas, a lo que
unió su aspecto de chico formal y comprometido. Por ejemplo, en el ‘Tutti
Fruitti’ de Little Richard,
cambió una frase como “Boys, don’t you know what she do to me” (Chicos, no
tenéis ni idea de lo que ella me hace) por “Pretty little Susie is the girl for
me” (la pequeña y hermosa Susie es mi chica).
El componente sexual que los
intérpretes de estos inicios del rock imprimían en sus temas y apariciones
provocaba una violencia extrema en el control ejercido por la televisión. Por
supuesto, el gran emblema de la época, Elvis Presley, provocó pesadillas a los
dueños de la moral con sus famosos movimientos de cintura. En numerosos
conciertos de su primera época, la policía le advertía de que, si seguía
contoneándose en el escenario, sería arrestado. Cuando actuaba en
televisión, la solución que se tomaba era la de hacerle planos medios,
para evitar que el movimiento de sus caderas tuviera repercusiones negativas en
toda la juventud estadounidense.
Elvis
Presley, provocó pesadillas a los dueños de la moral con sus famosos
movimientos de cintura. Incluso la policía los consideraba causa de arresto.
Pero nada de esto se parecía a lo que
llegaría en los años 60. La explosión sexual de los jóvenes y el descontento
general con la sociedad establecida hizo que toda la música se convirtiera en
mensaje. Con la llegada de grupos como los Rolling Stones o The Who, que
hacían una versión más salvaje de lo que en los años 50 había dado forma al
rock, no tenían problema en cantar sobre temas como el sexo, la masturbación o
las peleas adolescentes. Los métodos de censura se hicieron más sofisticados,
incluso una cuestión de Estado. El FBI llegó a investigar a varios
cantantes folk, de esos que habían hecho de la canción protesta la nueva
moda. Phil Ochs, Pete Seeger o, por supuesto, Bob Dylan fueron su objetivo. La segunda
mitad de la década, con la llegada de la Guerra de Vietnam y el movimiento
hippie en pleno apogeo, dio fuerza a las emisoras piratas, donde grupos como
The Doors tenían su único altavoz.
Los sutiles métodos de la censura franquista
Este ambiente censor vivió una cierta
relajación en la década de los 70 en todo el mundo anglosajón. Podía decirse
que un nuevo mundo había llegado. Mientras tanto, España vivía los últimos años
de la dictadura que había prohibido canciones tan inofensivas como el ‘Himno al
amor’ de la francesa Edith Piaf, ‘Perfidia’ de Nat King Cole, la más que
conocida ‘Bésame mucho’ (cuya prohibición llegaba incluso a la versión
instrumental), o la copla ‘Ojos verdes’ por hablar de un amor de ‘mancebía’.
Los encargados de aplicar estos criterios llegaban al extremo de rayar con una
navaja las piezas consideradas ofensivas con unas aspas tan profundas que a
veces se rompía hasta la aguja del tocadiscos, o inhabilitarlas con cinta
adhesiva. La censura llevaba décadas cuidando con especial interés la
emisión radiofónica. Aún cuando estos discos se podían comprar en cualquier
tienda de la Gran Vía o escuchar en el tocadiscos de casa y en las salas de
fiestas, su difusión radial era mucho más estricta. Por este motivo el gobierno
franquista, primero desde la Vicepresidencia de Educación Popular y luego desde
el Ministerio de Información y Turismo, exigía a las compañías discográficas
una trascripción textual de las letras, método que mostró su falibilidad en la
década de los setenta, cuando se trataba de calificar temas como ‘Could It Be
Magic’ con Donna Summer o el ‘Je t’aime, moi non plus’, de Serge Gainsbourg y
Jane Berkin.
En
España la censura llegó a rayar con una navaja las piezas consideradas
ofensivas dentro de un vinilo para evitar su reproducción en la radio
El control musical ejercido en la
década de los 70 por los últimos suspiros de la dictadura ha convertido las
ediciones españolas de determinados discos en material de coleccionista. La
censura franquista da para libros y libros, con unas técnicas que resultan
cuanto menos extravagantes. Una de las más conocidas es la sutil modificación
de las portadas de álbumes emblemáticos. Colmo de los colmos fue la portada del
‘New Skin for the old ceremony’ de Leonard Cohen, una pintura clásica en origen
que los españoles vieron con un ala modificada.
Otro caso, con un cierto toque
inexplicable, es la del álbum ‘Sticky Fingers’ de The Rolling Stones, diseñada
por Andy Warhol. Con un explícito componente sexual, la portada original tenía
todas las posibilidades de ver censurados sus característicos vaqueros. Lo que
nadie esperaba es que la portada modificada, con esos sangrientos dedos dentro
de una lata de comida y diseñada también por el artista pop, sería también tan
censurable y que, sin embargo, pasara los controles franquistas y llegara a las
tiendas.
El videoclip y, con él, la censura
La pregunta que surge ahora es
inevitable: ¿hay censura sobre la música en la actualidad? Sí, por supuesto que
sí. Pero, en este mundo democrático y occidentalizado, ¿qué métodos se
utilizan? Hay que preguntárselo, cómo no, a la televisión norteamericana. Y no
a cualquiera. Estados Unidos tiene una gran maestra en esto de la censura
musical: la MTV. Desde los años 80, la gran promotora del fenómeno del
videoclip ejerce sus propios métodos, que pueden resumirse en dos, el cambio
sobre la versión original y el cambio sobre su método de emisión. MTV, y con
ella gran parte de la televisión, obliga a realizar versiones distintas por la
utilización de determinadas palabras que considera inapropiadas. Y, en caso de
que no se produzca ese cambio pero el tema sea tan sobradamente popular como
para no poder evitar su emisión, las palabras quedan suprimidas directamente,
con el silencio por único cambio. Atención a las sospechosas pausas que,
comparadas con la original, realiza Kanye West en la clean versión de ‘ET’ de Katy Perry.
Uno de los casos
más sonados fue la absoluta prohibición de la emisión de ‘Justify my love’ de
Madonna en la MTV de los 90
Uno de los casos más sonados fue la
absoluta prohibición de la emisión de ‘Justify my love’ de Madonna en la MTV de
los 90, considerado su video más controvertido. La cadena norteamericana no
podía permitir la emisión de estas imágenes con fuerte contenido sexual,
dándole especial importancia a la aparición del pecho desnudo de una mujer. Y
se trata de Madonna hace apenas dos décadas. Hoy en día un simple
gesto obsceno realizado por la mano de Beyoncé queda censurado en EEUU.
A veces esta modificación no es
suficiente y se produce el cambio en el método de emisión. Desde el exilio
involuntario de determinados videos a las segundas cadenas, esas que no ve
nadie, o la emisión forzada en horario de madrugada. El último gran ejemplo fue
el tema ‘Hurricane’ de 30 Seconds to Mars, cuya censura fue noticia en medios
de todo el mundo. Su segunda versión en Estados Unidos, ya fuertemente
censurada, solo fue emitida en MTV2 en horario de madrugada. Corría el reciente
año 2009. Por supuesto, estos grupos, al realizar determinados vídeos que van a
emitir en el emblema de la industria de la que participan, saben lo que
ocurrirá cuando pretendan su emisión y son conscientes del dinero que ello les
remite en ventas del single. Pero una cosa no quita la otra. Es censura, sí,
sólo que su nombre está ya muy desgastado.